Cambio de enfoque

Vivimos en una sociedad que ha olvidado muchas partes importantes de la vida. Nos hemos olvidado de darle el lugar que merecen los valores como el respeto, la solidaridad y la honestidad. La ética se ha desviado. Ha quedado escondido el sentimentalismo, lo que le pasa a las demás personas no nos duele, no nos toca el corazón como debería. La indiferencia hacia los problemas que conciernen nuestro mundo es latente; las crisis sociales y ecológicas son vistas como conflictos externos a nosotros. Nos hemos centrado en el consumismo y excesos de todo tipo.

“De los 5,800 millones de personas que existen en el mundo, la mayoría seguramente no son creyentes (en el budismo). No podemos dialogar con ellos y decirles que deberían ser creyentes, imposible. En realidad no importa que la mayoría de la humanidad no sea creyente, no pasa nada. Lo que pasa es que la mayoría ha perdido o ha hecho caso omiso a los valores humanos más preciados: la compasión y el sentido de la responsabilidad. Eso es lo que nos preocupa.” (Dalai Lama, 1997)

Así que yo preguntaría: ¿Es posible dejar atrás las malas costumbres, la falta de valores y cambiar por completo nuestro entorno inmediato para vivir más felices? ¿Es posible disfrutar de la vida?

Creo que sí. Pienso que todos podemos convertirnos en personas que valoren la vida, para por ende, merecerla. Valorar es sinónimo de agradecer. Ser agradecido, tanto por lo que se tiene como por lo que no se tiene, es esencial. Apreciar tanto el regalo de las caídas, como los regalos de envoltura atractiva, nos permite convertirnos en personas más completas.

Sólo encuentro un inconveniente para lograrlo: la gente cree que estamos en un círculo vicioso sin salida. Estamos sedientos de cambio, pero no basta con tener la ilusión de vivir en nuestro futuro ideal. No basta con soñar despiertos y esperar que de la nada todo sea diferente. Si queremos resolver un problema, tenemos que empezar, no con un poco, sino con mucha iniciativa. Debemos tener confianza de que tarde o temprano lo lograremos. Debemos acrecentar nuestros espíritus tanto como podamos para que los obstáculos que nos tiren en el camino solo sean un reto del cual podamos aprender.

Conocemos el precio de todo, pero el valor de nada. Y justo por ello se ha perdido la noción de lo que realmente importa: familia, amigos, salud, cultivar la espiritualidad, respetar nuestros cuerpos, cuidar de otros, hacer algo bueno sólo porque sí. Nos hemos vuelto una sociedad cien por ciento mal agradecida. Nos creemos merecedores de todo, sin hacer algo por obtenerlo. Así sea gracias al Señor de los mil nombres, al destino, a la vida o como quieran llamarle; hay infinidad de cosas por las que deberíamos estar agradecidos. Y lo que considero más triste, es que la gente ha olvidado cómo ser feliz. En parte porque se cree que la felicidad depende de las situaciones externas, de lo que tenemos. Sin embargo, la felicidad es interior y depende de lo que somos.

Así mismo, la felicidad depende de cómo percibimos nuestra realidad. Cualquier situación puede parecer catastrófica o maravillosa, todo depende de nuestra perspectiva. Podemos ver el presente como un hoyo negro sin salida, o como una oportunidad para cambiar. Para lograr que lo importante en la vida retome su papel, debemos comenzar con un granito de arena. Con que una persona empiece, más gente se le unirá y así podremos construir un mejor futuro para todos.

Es muy simple: seamos la mejor versión de nosotros mismos. Vivamos conforme a nuestros principios y seamos congruentes con ellos. Seamos agradecidos y sintámonos muy afortunados de lo que la vida nos regala. Valoremos a las personas por lo que son, no por lo que tienen; respetemos al prójimo; cuidemos al planeta, respetemos la vida de todos los seres vivos. Una vez que nos duele lo que le sucede al de enfrente, empezamos a darle sentido a nuestro camino. Y sobre todo, disfrutemos de la vida porque es maravillosa. La vida es corta, somos seres finitos y no tenemos ningún contrato que asegure que mañana despertaremos. El futuro es incierto, un misterio. Lo único que tenemos es el ahora; aprovechemos este momento. Hay miles de oportunidades cada día para ser felices, está en ti abrir los ojos para percibirlas. Y como dice Henry Van Dyke: «Alégrate de la vida porque ella te da la oportunidad de amar, de trabajar, de jugar y de mirar a las estrellas.”

 

Monse Fábregas

 

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