Pintura Gris

Como crítica a la sociedad actual, escribí un texto distópico. Cuando decimos lo que pensamos en un tono irónico podemos acentuar su verdadero significado… así surgió Pintura Gris.


Pintura Gris

Hay muchos entusiastas que creen que vivir es una aventura. No paran de decir que su misión es romper los moldes, que hay que nadar contra corriente. Pobres ingenuos, creo yo. Piensan que hay que vivir cada día como si fuera el último y que los sueños se deben perseguir. No hay mentira más grande que esta. Para empezar, los sueños solo son ilusiones, inventos de nuestro inconsciente. No son materia, no son algo real ni alcanzable. Siempre nos encontraremos a esa persona que quiere lograr lo que nadie ha hecho nunca. Aquel que piensa que se convertirá en un exitoso músico, o la pequeña  niña que quiere ser la próxima estrella de cine. Sabemos que estas no son más que vagas esperanzas. Las posibilidades de lograrlo son prácticamente nulas. Uno en un millón consigue lo que desea, entonces, ¿para qué auto engañarse y esperar que esa oportunidad sea nuestra? Fantasear con cumplir un propósito más grande o con ser alguien que trascienda, no lleva a ningún lado. Estos proyectos solo retrasan los planes que ya están determinados para cada uno.

La sociedad funciona mejor cuando se tiene una rutina, cuando una estructura firme e inalterable la rige. No hay lugar para rebeldes que piensan en cambiar las leyes y normas, que tienen propuestas utópicas del mundo. Las reglas están hechas para ser cumplidas, no para romperlas. ¿Qué tipo de caos se crearía si no se siguiera al pie de la letra lo que ya ha sido establecido? Los individuos tienen que ir por la vida como si de un trámite se tratase. Es la obligación de cada persona asumir el papel que le toca desempeñar en la sociedad, es de suma importancia que lo cumpla acatándose a lo que le es designado. El mundo tiene un orden, y como una máquina, todos los engranajes deben estar en su posición. Si una pieza se mueve, las demás no pueden seguir girando. Así pasa con las personas, forman una especie de cadena. Si alguien comienza a cuestionarse y se aparta del resto, una luz roja se enciende. El objetivo de cada uno es permanecer en la línea, solamente así se consigue que la máquina avance. El sistema debe permanecer intacto para que funcione correctamente. Y para que esto suceda, se requiere de la colaboración de todos, sin excepción.

Preguntarse si se está haciendo lo correcto es un error terrible. Lo aterrador es que muchos han osado a levantarse en contra del régimen. Vienen con sus mensajes alentadores y provocan revueltas entre los otros. Debo advertir que es contagioso; ¡mucho cuidado en juntarse con este tipo de gente! Son curiosos por naturaleza y se preguntan dónde está la «chispa”, lo realmente emocionante. Dicen que al final de la vida hay que llegar agotados, con arrugas alrededor de la boca por tanto reír, con los labios desgastados por tantos besos, los ojos cansados de tantas maravillas vistas, la cabeza llena de recuerdos, el corazón roto en mil pedacitos y vuelto a pegar, los pies exhaustos por incontables viajes, la mente en paz. Podrían pensar que estas ideas son casi poéticas, pero solo caen en lo ridículo. Los soñadores creen que sus cortas vidas tendrán un significado mayor, ¡qué tontería!

No se puede desafiar lo que ya ha sido impuesto. Es mejor tirar esos pensamientos a la basura; no ayudan ni sirven de nada. No se debe tomar ningún riesgo; cierra la boca y obedece, camina derechito y agacha la cabeza. El sentido de pertenencia es fundamental en la sociedad actual. ¡Qué bien se siente ser parte de un grupo! Si uno viste igual al otro, si habla como los demás, si tiene interés por las mismas cosas o si piensa de forma similar, ya cumplió con su misión.

La individualidad ha dejado de existir porque no es útil ni conveniente. Al renunciar a esa particularidad, se cae en un gran balde de pintura gris donde todo es homogéneo. Lo que vemos pertenece a un orden determinado. No hay espacio para lo singular, lo especial es un estorbo que es mejor desechar. Y sí, a veces hay quienes se salen del molde. Pero no te preocupes, no representan una amenaza considerable; basta con ponerles el mismo barniz sombrío que los demás lucen en su piel. De esta materia pegajosa, nadie escapa. Advierto que es seductor seguir los pasos de los diferentes. Se produce una ráfaga de lucidez, alegría y emoción descomedida. Pero el momento es efímero; en caso de que caigas en la tentación, habrá alguien que te regrese a la normalidad. Así que ya lo sabes: no te dejes guiar por los inconformes, sigue la línea recta, no te desvíes y nunca mires hacia atrás.

Monse Fábregas 

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